VENEZUELA / Nosotros, los abajo firmantes, profesionales venezolanos egresados de diversas universidades venezolanas y profesores en asignaturas relacionadas con el ejercicio del Periodismo, rechazamos cualquier pretensión de criminalizar la cobertura a fenómenos sociales propios de la cotidianidad, incluidas protestas vecinales, marchas, competencias deportivas, conciertos musicales, homicidios, actos políticos, entre otros.

Forma parte de nuestras enseñanzas el tratamiento informativo de las distintas formas discursivas que adopta el periodismo. También reflexiones éticas sobre la credibilidad de las fuentes y las denuncias que en algunos casos salen a la luz pública. En nuestras clases hacemos hincapié en que un buen periodista jamás debe omitir la denuncia de una comunidad desesperada por presunta estafa; un buen periodista contrasta fuentes y da conocer las versiones del hecho. Un buen periodista no está para complacer al poder, sea económico, político, religioso, etc. Un buen periodista supera la discusión ideológica y defiende la libertad de expresión, el derecho a la información y fiscaliza la gestión pública por la sanidad del propio sistema democrático.

En este sentido, las declaraciones de un grupo considerable de personas no se le adjudican al periodista que escribe o narra una noticia.  Existen las atribuciones propias para indicar al lector quién está hablando. Es una clase bastante sencilla en los primeros años de Periodismo. Entonces ¿investigar a un redactor por ser portavoz de un grupo vecinal conformado por más de 60 personas? En todo caso, la denuncia debería servir de alerta para que las instancias correspondientes investiguen a quienes señalan los supuestos afectados.

La Constitución venezolana consagra en su artículo 57 que “toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u opiniones de viva voz….sin que pueda establecerse censura”. También es claro el texto constitucional cuando indica que quien asume este derecho, es responsable por todo lo expresado. En este sentido, es pertinente recordar que cuando damos voz a las comunidades, son ellas las que gritan a viva voz para ser escuchadas. No es el periodista -a menos que se trate de un artículo de opinión- quien habla en las notas informativas. Quien es asiduo lector de noticias comprende esta diferencia.

El Código de Ética del Periodista Venezolano establece en su Exposición de Motivos que el periodista “concibe la libertad de expresión como un factor de la elevación espiritual, moral y material del hombre. En consecuencia, debe denunciar como fraudulento invocar este principio para justificar intereses mercantiles, ideológicos o sensacionalistas para convalidar tergiversaciones del mensaje informativo”. En este contexto, no dar voz a una comunidad desesperada, resulta una aberración y contribuye a instaurar un oscurantismo en los medios de comunicación, el cual rechazamos rotundamente. Reiteramos, informar no es un delito. Tampoco dar voz a quien no la tiene: los sectores más vulnerables de nuestra población. Si alguna instancia desea investigar, debe dirigirse a la comunidad que denuncia y aclare la situación. Así de simple. A nuestro juicio, esa es la formalidad correcta.

Suscriben:

Luis Alonso Hernández

Inés Rodríguez Dovale

Randolfo Blanco

Ángel Perozo

Marisela Paz

Humberto Torres

Marialba Valero

Carla Alejandra Melián

Yamileth Briceño

Yesubeth Martínez

Ricardo Graffe

María Fernanda Guevara

Jonathan Vilera

Luis Camacho

Isbelia Pérez

Franklin Revette

Gabriel Vizcarrondo

Luisa Pratto

Simone Monasterio

José Ángel Grudas

Carmen Elena Castillo

Elia Sánchez

Rafael Fernández

Jesús Escalante

Ana Campos

Cira Gómez

Ivette Contreras

Luis David Acuña

Pedro Salas

Rafael Collado

Alida Beltrán

Yolanda Pérez

Carlos Borrero

Tamara Mejía

Ydailin Barreto

Rosa Duque

Alejandro Rodríguez

Iris Carrión

Antonio Eulacio

Neisan García

Luis Cabrera

Víctor Sánchez

Nilda Guzmán

Carlos Díaz