Polvo del Sahara, Asma y Alergias

Una masa de aire seco y cargado de partículas de arena se forma sobre el desierto del Sahara al final de la primavera, el verano y el principio del otoño y generalmente se mueve hacia el oeste sobre el Océano Atlántico tropical cada 3 a 5 días.

La capa de polvo forma una nube generalmente de entre 3 y 5 kilómetros de espesor y se encuentra a una altura de entre uno y dos kilómetros en la atmósfera. Cuando ocurre, suele ser de corta duración, no dura más de una semana, sin embargo la presencia de vientos alisios (que soplan entre los trópicos) en ciertas épocas del año la hace más propensa a cruzar todo el Atlántico y recorrer más de 10.000 km.

Tradicionalmente, la actividad de la capa de aire sahariana aumenta a mediados de junio, alcanza su punto máximo desde fines de junio hasta mediados de agosto y comienza a disminuir rápidamente.

Este año se reporta como una de las más densas que llega en el último medio siglo, durante su periodo de mayor actividad llega hasta Florida, América Central e incluso Texas y cubre enormes áreas del Atlántico, equivalentes a todo el territorio de EEUU y Canadá juntos. Cada año más de 100 millones de toneladas de polvo sahariano soplan entre África hasta la cuenta del río Amazonas.

Como todo fenómeno de la naturaleza, las nubes de polvo del Sahara contribuyen en diversas formas a los ciclos naturales. En primer lugar, el calor de la capa actúa para estabilizar la atmósfera cuando el aire cálido de la nube de polvo se eleva por encima del aire relativamente más frío y denso.

El polvo mineral suspendido también absorbe la luz solar, lo que contribuye a la regulación de las temperaturas del planeta, y también reponen los nutrientes como fósforo y nitrógeno en los suelos de las zonas tropicales, algunos de los químicos que contienen pueden contribuir a la vida de los océanos (afectación de corales por esporas).

Uno de los efectos nocivos de la nube de polvo esta relacionado con la salud humana, dado que afecta considerablemente la calidad del aire, la concentración de polvo está en rango de 30 a 50 microgramos por metro cúbico, un número muy alto.

El aire seco y polvoriento de la capa de aire tiene aproximadamente 50% menos de humedad que la atmósfera tropical típica y el contenido de esporas, hierro, mercurio y pesticidas lo que puede afectar desde la piel hasta los pulmones. Su alto contenido de partículas también puede resultar nocivo para personas con problemas respiratorios e incluso, provocar problemas de alergias o irritación de los ojos o mucosas.

Las personas con asma, enfermedades respiratorias y alergias, incluso los contagiados con COVID 19 deberían extremar las precauciones para no agravar sus condiciones de salud.

En los actuales contextos, en medio de una pandemia que afecta a nivel mundial, las autoridades sanitarias extreman las medidas de prevención dentro de las cuales se encuentra el uso de mascarillas o respiradores, no barrer en casa, evitar re-suspender las partículas de polvo, limpiar con paños húmedos todas las superficies, pacientes alérgicos y con enfermedades respiratorias no hacer ejercicios ni actividades al aire libre, en función de evitar el riesgo extra que esta nube de polvo representa para las personas en Latinoamérica y El Caribe.