Ni cómodo, ni tambaleándose

 

Por Luis Fuenmayor Toro / El referendo, en definitiva, se realizó. Ésta es una realidad innegable. La solicitud de Guyana de paralizarlo y de eliminar algunas preguntas no fue atendida por la Corte Internacional de Justicia, cuyos jueces no sentenciaron lo que no podían sentenciar, al no tener competencia en esa materia.

Los guyaneses recibieron entonces, sin lugar a dudas, un revés en este aspecto, mientras Venezuela se anotó una victoria, pequeña, pero victoria, sin importar el lenguaje enrevesado y repetitivo utilizado por los jueces, que lució como una forma de confundir a los lectores.

Ese referendo dio un resultado, que nos puede agradar o no, como nos pudo agradar o no el resultado de las primarias, pero ése es el resultado oficial, no el que cualquiera tenga en su cabeza. Resultado, además, avalado por los dos rectores de oposición del Consejo Nacional electoral, que fueron puestos por la PUD.

En los inicios de 2015, la MUD (incluidos María Corina Machado y Leopoldo López) presentó un proyecto de ley en la Asamblea Nacional, que incluía todas las medidas recogidas en la pregunta 5 del referendo. Sin embargo, esos sectores llamaron a votar NO en dicha pregunta, lo cual no tiene explicación racional.

Tampoco tiene ninguna racionalidad, que el PSUV haya impulsado la aprobación de la pregunta 5, pero en 2015 se haya opuesto al proyecto de ley propuesto por la MUD ante la Asamblea Nacional, que legalizaba todas las medidas de dicho artículo y que hoy, además, se están comenzando a ejecutar.

Estas dos posiciones irracionales demuestran que tanto el gobierno – PSUV, como la oposición de la MUD (hoy Plataforma Unitaria Democrática), están mucho más interesados en su competencia destructiva por el poder, que en la defensa de la integralidad territorial y la recuperación del territorio Esequibo.

Así como las 5 mil mesas de las primarias hacían perfectamente posible que votaran poco más de 2 millones de venezolanos, las 28 mil mesas del referendo también hacían perfectamente posible que votaran más de 10 millones de electores. Que ambas cosas hayan ocurrido, sólo lo saben sus organizadores.

El mapa de Venezuela con el territorio Esequibo incorporado no se originó por la respuesta afirmativa de los votantes a la pregunta 5 del referendo, pues ese mapa existe oficialmente desde 1967como producto del Acuerdo de Ginebra.

Como consecuencia de los resultados del referendo, Guyana solicitó la intermediación del Presidente cubano para disminuir las tensiones con Venezuela, las cuales ellos mismos habían generado con declaraciones altisonantes y conductas provocadoras y amenazantes. Éste es un éxito claro del referendo.

La presión de los venezolanos tiene que ser: lograr que Guyana vuelva a las negociaciones directas con Venezuela, que el gobierno de Maduro asuma responsable y seriamente esta tarea y que la oposición extremista y el gobierno dejen de lado sus intereses electorales bastardos, en función del supremo interés nacional.

Seguir discutiendo si los votantes del referendo fueron 10 millones o 2,5 millones, es contrario al fortalecimiento de la posición del reclamo venezolano frente a Guyana y los poderes que la apoyan. Los votos habidos en el referendo no son de ningún sector político; son votos por Venezuela y así deben ser considerados.

Contribuir a seguir deteriorando la imagen del Poder Electoral, hace que la abstención electoral continúe en sus niveles actuales e incluso se incremente, garantizándole a un gobierno desprestigiado y sin el apoyo necesario para mantenerse, seguir usufructuando el poder por seis años más.

El propósito del gobierno no puede ser el de arrinconar y reprimir a ningún sector de la oposición y mucho menos el de fabricar expedientes penales contra distintos dirigentes políticos. Acusar a todo el que haya tenido posiciones opuestas sobre las preguntas del referendo, de ser agente de la Exxon es un exabrupto canallesco.

Estas derivaciones malévolas de la realización del referendo, las agresiones y las persecuciones de opositores al régimen, conspiran gravemente contra la unidad nacional requerida, para presentarnos como un frente único poderoso ante las pretensiones expansionistas violentas de Guyana.

Las declaraciones del Canciller Iván Gil sobre la conversación civilizada que tuvo con su par de Guyana, en relación al diferendo del Esequibo, constituyen la esperanza a priorizar en este momento, dejando de lado otras circunstancias mucho menos importantes. El gobierno debe centrarse en este sentido.

Las declaraciones de la CELAC y de UNASUR sobre la controversia, llamando a resolverla pacíficamente y de común acuerdo entre Venezuela y Guyana, debería tener como objetivo fundamental el retiro de la solicitud de Guyana ante la CIJ, por lo que las conversaciones son urgentes y los mediadores son indispensables.

Lo más importante para Venezuela es obtener una posición geográfica territorial que con claridad inobjetable nos garantice la salida al Atlántico, en forma más diáfana que la que hoy tenemos. Nuestros negociadores deberían tener esto como prioritario en una negociación donde no debe haber perdedores.

Apoyar y presionar al gobierno de Maduro en el reclamo del territorio Esequibo y en las medidas tomadas luego del referendo, no significa apoyar su gestión gubernamental, ni votar por el PSUV en las elecciones presidenciales venideras.