La unidad de la oposición

Por Luis Fuenmayor Toro / Sólo dos grandes objetivos, propondría a los venezolanos y a las organizaciones políticas, como norte de nuestras acciones económicas, políticas y sociales, a largo plazo, así como en nuestras relaciones internacionales. Y lo hago emulando a la República Popular China: 1) hacer de Venezuela una gran nación, sólida, querida y respetada por el resto del mundo, y 2) mejorar en forma sostenida las condiciones de vida de sus nacionales. Toda política, proposición y acción, que esté en función de ambas aspiraciones, sería bienvenida y asumida individual y colectivamente, mientras que todo aquello que conspire contra las mismas sería rechazado y descartado.

Sin ideologizaciones de ningún tipo, sin prejuicios, con amplitud de pensamiento y teniendo siempre como principal el bienestar de la Patria y de sus ciudadanos.

Estos dos grandes objetivos sólo son posibles si la nación entera se une en torno a su consecución. De allí que la unidad no sea simple retórica estéril ni politiquera para ganar adeptos. Es una necesidad estratégica de la nación y como tal debe ser asumida por todos y principalmente por el liderazgo nacional.

No se trata simplemente de una alianza de partidos y grupos, sino de una unidad de la inmensa mayoría de los venezolanos, ya que es imposible pensar que lo será de la totalidad de los mismos. Siempre habrá quienes, a pesar de haber nacido y vivido aquí, no se sienten integrantes de la nación o, peor aún, se sienten nacionales de otras latitudes o sólo interesados en su bienestar personal y la acumulación de riquezas.  

Se trata realmente de tener una dirección definida, un sentido claro de hacia dónde movernos, de manera de ajustar nuestras acciones políticas concretas dentro de la lucha por una mejor Venezuela y unos venezolanos más felices. Nadie, en su sano juicio, puede afirmar que los habitantes de nuestro país son más felices hoy que hace 10 o más años atrás. Ni más felices que el siglo pasado.

Los elementos concretos que lo demuestran están ante nuestros ojos y nuestro entendimiento. Con dos dólares mensuales nadie puede vivir en el completo sentido de la palabra. Podrá mal vivir o sobrevivir o morir lentamente de desnutrición y enfermedades, pero no vivir. La destrucción nacional es tan evidente que pareciera absurdo seguir diciéndolo o tratar de demostrarlo, y la indolencia de nuestros gobernantes, que los lleva a no rectificar o a hacerlo lentamente y de manera incompleta, nos obliga a señalar que mientras sigan con esa conducta será imposible la recuperación del país.

En ese infinito camino hacia el desarrollo nacional y el bienestar colectivo hay trayectos mucho más cortos, correspondientes a metas de distintos grados que pueden perfectamente ser definidas y sobre las que hay también que acordarse para poder alcanzarlas.

Una de esas metas está situada temporalmente en 2024, cuando se tendrán que realizar las elecciones presidenciales constitucionales, lo que nos da cuatro años de actividad política para prepararse, organizarse, movilizar a la población y finalmente poder derrotar a la alianza gubernamental. Es en este sentido que se debe trabajar. Este trayecto está a su vez subdividido en varios tramos, el primero de los cuales será la confrontación para la elección de gobernadores, que en principio es este mismo año.

Lo ideal sería que la mayoría de las fuerzas opositoras logren consenso en presentar un solo candidato a cada gobernación y que los estados fueren parte importante en esa designación. Los candidatos deberían tener un claro liderazgo en su estado, un desempeño político no cuestionable y estar comprometidos en hacer un gobierno plural, eficiente y honesto.

Debería votarse a través de una tarjeta única definida a tal efecto para cada estado (propuesta del MAS) y en las candidaturas a los consejos legislativos debería expresarse claramente la pluralidad de los apoyos, entendiendo que la división de poderes también es regional y que estos organismos son los contralores de los gobernadores.

Éste es el deber ser, pero no soy optimista en lograrlo mayoritariamente en este momento. De las derrotas se tarda en recuperarse. Debemos sí avanzar lo más que se pueda donde se pueda. Si se lograra con buenos candidatos ganarle unas ocho gobernaciones importantes al PSUV, sería un excelente inicio. Veremos…