La responsabilidad de quienes tienen y saben

Por Pedro Antonio De Mendonca / Decidí quedarme a vivir en la Venezuela hambreada por muchas razones. En primer lugar, para que nadie me cuente cómo es vivir en comunismo; aunque haya muchos intelectuales de cafetín que insistan en que esto no es comunismo, sí lo es y así nos tocó vivirlo: se eliminó al Estado y, en su lugar, se implementó –y sufrimos- un complejísimo conglomerado de naturaleza y sentido criminales. En segundo lugar, porque amo los caminos difíciles y demostrarles a los pesimistas que lo que les parece imposible o poco importante, es perfectamente posible y trascendente. Además, decidí quedarme a vivir esto porque mi vocación es la del servicio público y en un país con crisis humanitaria compleja esto es más necesario que en cualquier otro; qué mejor que servir en mi país, a mis paisanos. Y eso me lleva a una cuarta razón, tan personalísima como las anteriores: porque este entorno infernal permite hacer más notorios lo que quiero y las cosas en las que creo, cuestiones que se ven reflejadas en lo que hago.

Quiero un país de gente capacitada para los retos de la globalización; por eso decidí enseñar portugués, un idioma que domino. Quiero un país de gente empresaria, por eso decidí formar un equipo para capacitarnos en la enseñanza de economía de libre mercado a niños y jóvenes de mi estado. Quiero que Guárico y Venezuela sean sitios libres, ricos y donde queramos desarrollar nuestros proyectos de vida; por eso decidí quedarme y construir una plataforma política con un programa disruptivo, porque la política es fundamental para las transformaciones radicales que requerimos.

Les pido valentía a los demás porque yo mismo me impongo al miedo, invito a otros a trabajar en lo que creo porque yo mismo lo hago de manera activa, emplazo a otros a ayudar porque yo mismo ayudo. No soy un santo ni mucho menos un ejemplo, pero sí me esfuerzo por vivir mi vida con coherencia, lo que implica responsabilidad; cosa nada fácil en un entorno de degradación moral. Y eso mismo –nada menos- es lo que espero de los demás.

En eso creo: Quienes tienen y quienes saben tienen, hoy más que nunca, la responsabilidad de ayudar a quienes no tienen y a quienes no saben. Es cierto que en nuestro país hay mucha hambre y sed de agua limpia; pero, a mi modo de ver, esas no son las mayores necesidades que existen hoy. La mayor necesidad y la mayor aspiración que tienen los venezolanos, con todo y el hambre y la sed, es la de referentes positivos de vida: de integridad, de amor por el trabajo, de superación. No de corrupción, de flojera ni mucho menos de pobreza. La gente anhela ciudadanos que los hagan soñar con una vida mejor y los pongan a trabajar por ella. Enseñar al que no sabe es también un acto de caridad; quizás menos “llamativo” que otros, como el viral y muchas veces desvirtuado dar de comer al hambriento o vestir al desnudo. Pero más trascendente. Y esa responsabilidad de ser referentes y de enseñar modos de vida positivos la tienen, insoslayablemente, quienes han logrado construir lo suyo y quienes han logrado aprender algo. Quien hoy batalla con su empresa debe compartir sus conocimientos de vida con otros y apoyar causas que vayan en ese sentido; quien hoy desarrolla proyectos profesionales debe aportar sus conocimientos a otros que los requieren para la construcción de planes individuales o sociales. Debemos esforzarnos por mostrarles a los millones que quieren ver, con la conducción y el ejemplo, referentes de vida.

Crecimos en una sociedad culturalmente egoísta. Y eso no está mal. Quien se sudó lo suyo solo, disfruta lo suyo solo y eso está bien. Pero esta crisis compleja ha hecho perder el fruto del trabajo fajado a millones de personas. Porque, además, ¿de qué sirve tener un gran negocio si la mayoría de los clientes pueden comprar poco o si mucha gente no puede ser cliente de ese negocio porque no tiene dinero? ¿De qué le sirve a un empresario tener clientes ignorantes y poco exigentes? ¿De qué le sirve a alguien saber muchas cosas si no tiene con quien compartirlas o si tiene pocas personas con las cuales conversar sobre ellas? ¿De qué te sirve tener comida en tu casa si el de al lado, tentado por el hambre y guiado por lo malo, te la puede robar? Debemos construir un proyecto de estado y de nación de aspiraciones: un proyecto de intelectuales, de trabajadores, de políglotas, de empresarios, de soñadores. Debemos destruir el proyecto de nación que nos acabó: el de los brutos, el de los flojos, el de los analfabetos, el de los pobres, el de los resentidos.

La mayoría de los venezolanos queremos libertad; vivir en una sociedad próspera, de inteligencia y de amor al trabajo. Lo quiere tanto el venezolano que está sufriendo en un hospital como el que está saludable con su familia, tanto el que llegó hasta bachillerato como el doctor, tanto el que pasa hambre como el que no. Queremos una sociedad culturalmente muy distinta a la que hoy tenemos y eso debemos forjarlo hoy, no esperar a la caída del régimen. Porque esta es una lucha existencial y cultural, en la que lo político es una parte y no el todo. La caída del régimen será motorizada por esa ciudadanía cada vez más soñadora, más confiada en un mejor porvenir, más amante de la libertad. Y el momento de hacer todo eso es ahora.

Serás más rico si más gente de tu entorno sabe hacer dinero; serás más inteligente si vives en una sociedad donde más gente sabe más cosas; serás feliz en una sociedad de gente realizada y libre. Todo eso es nuestra responsabilidad de vida, tuya y mía. Es la vida por hacer.