La partida de los amigos de la vida, del trabajo y lo intelectual

Por José Luis Berroterán. N. / Cuando el ser querido parte al infinito y deja lo físico para trascender a lo espiritual en otro plano, nos deja un vacío que tenemos que llenar con gratos y agradables recuerdo de la niñez, del hacer diario y de la convivencia cotidiana de la amistad.  Esa es la fortaleza de la querencia de la familia venezolana, de la cual nosotros, los universitarios e intelectuales colectivos somos unos fieles voceros y voceras, para la multiplicación de lo preventivo y curativo, ante la amenaza del Covid-19 y sus implicaciones sociopolíticas, con impactos emocionales, convivenciales y de eficiencia en acciones productivas.

Cuando parte el ser querido debemos estar enriquecidos en espíritu para alimentar a los más débiles en la reciedumbre del temple llanero venezolano y en la comprensión de lo imprevisto y letal. Eso nos toca como líderes espirituales e intelectuales de los grupos familiares y de los colectivos donde interactuamos.

Cuando somos hermanos, hermanas de la vida y camaradas de la Revolución debemos estar presentes en los buenos y en los malos momentos, en lo fácil y lo difícil, en lo drástico negativo y en lo fulgurante positivo. Camaradas, eso es solidaridad, lealtad y respeto verdadero con la amistad y el ejercicio revolucionario.

La amistad debe estar invadida de verdaderos principios y hechos de avanzada convivencia, ésta es una tarea que debe ser llevada por los intelectuales colectivos, dentro de la acción del nuevo orden en pandemia, vía al socialismo del siglo XXI. Vamos a la construcción de instancias organizaciones colectivas que nos ayuden a prevenir y comprender a través de acompañamiento y generación de materiales divulgativos, dirigidos a minimizar la pandemia y sus efectos residuales.