Pongámonos de acuerdo por Venezuela

 

Por Luis Fuenmayor Toro / Sigo hablando de oposición extremista porque hasta hoy no he visto una declaración del G4, que me deje claro el abandono definitivo de posiciones políticas extremas. No uso el término peyorativamente, sino como descripción de un tipo de conducta política que no es única en Venezuela, sino muy extendida en el mundo. No estoy convencido de que la rectificación, que se desprende de algunas de sus conductas, sea sincera. Sus posiciones sectarias y descalificadoras de otros grupos opositores, su tendencia a considerarse como única oposición valedera y su alcahuetería con quienes dentro de su seno se han enriquecido ilícitamente con recursos del Estado, son otros elementos que me llevan a concluir que no han consolidado un propósito de enmienda.

De las informaciones que se tiene de la última reunión entre el gobierno y el G4, hay algunas cosas que se pueden concluir con bastante certeza. La primera es que los tres actores involucrados: gobierno, Departamento de Estado y G4, necesitaban pasar a una nueva fase luego de la desgastante confrontación tenida hasta ahora. Fracasada la política del “cese de la usurpación-gobierno de transición-elecciones libres”, y siendo limitada la efectividad de las sanciones contra el país, tanto EEUU como el G4 tenían obligatoriamente que reconducir sus políticas. Y más, en un contexto internacional de inestabilidad energética ocasionado por la confrontación entre Rusia y la OTAN en Ucrania.

El gobierno por su parte, muy golpeado y restringido en sus acciones por la crisis existente, profundizada con las sanciones económicas gringas, más el desgaste producido por una década de conflictos serios, necesitaba también abrir un espacio que le permitiera reducir estas presiones, para poder dedicarse a las actividades que les son propias de una manera más reposada y con mayores recursos. Buscarle salidas a la crisis, que ellos mismos contribuyeron a generar, y que les ha significado una reducción importante del apoyo popular alguna vez tenido, se hizo mandatorio, por lo que debió dar pasos en ese sentido. La conflictividad, que tenía como principal adversario al gobierno de EEUU, sin un claro ganador, los obligó a negociar.

La negociación habida es realmente entre los gobiernos de EEUU y de Venezuela, pues son quienes tienen el poder real en sus respectivos campos. La oposición del G4 participa de las negociaciones, porque así lo necesita el gobierno de Biden para legitimar sus decisiones en esta materia en su país. Recordemos que el giro de la política opositora gringa contra Maduro también es grande, lo que requiere explicaciones a sus votantes y a sus aliados internacionales. El cambio de varios gobiernos iberoamericanos, pero sobre todo el ocurrido en Colombia y hacia el futuro el sucedido en Brasil, determinaron una situación geopolítica contraria a las formas de proceder del Departamento de Estado hasta el momento. Dejó López Obrador de ser un solitario en la búsqueda de soluciones al enfrentamiento venezolano.

La derrota de la política de Trump, evidenciada en las elecciones recientes de EEUU, es también otro elemento a considerar en la ocurrencia de los sucesos actuales. Del resultado inicial de las negociaciones, se puede adelantar que la nación dispondrá de 3 mil millones de dólares, recursos que serán administrados por el PNUD, para enfrentar los más importantes problemas y retos sociales. Ya el gobierno había accedido años atrás a una administración delegada de ese tipo, en el caso del préstamo para el sector eléctrico de la CAF. El país se beneficiará también del ingreso de divisas, que significará la autorización de Chevrón para comercializar nuestro petróleo a EEUU. A este nuevo ingreso se suman los ingresos ya existentes, lo que incrementará las disponibilidades para atender los requerimientos del país.

Como era de esperarse, los grupos en pugna se auto asignan la victoria en esta negociación, como mecanismo proselitista típico de nuestra política. Con seguridad hay otros acuerdos no explícitos, que se deberían manifestar en los días venideros. En cualquier caso, que se abra la posibilidad de iniciar un proceso de estabilización es positivo. Sólo los más extremistas negaran esta opción.

Continuidad y Cambio, año 11, N° 161, pp 2-3, diciembre 2022, https://issuu.com/luisfuenmayortoro/docs/a._cyc_a_o_11_n_161_diciembre_2022;