LA DEMOCRACIA INTERNA DE LOS PARTIDOS
Por Jesús Lárez / Vamos a iniciar con un fragmento del artículo 67 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela: “Todos los ciudadanos y ciudadanas tienen el derecho de asociarse con fines políticos, mediante métodos democráticos de organización, funcionamiento y dirección. Sus organismos de dirección y sus candidatos o candidatas a cargos de elección popular serán seleccionados o seleccionadas en elecciones internas con la participación de sus integrantes…”.
Los partidos que comparten valores democráticos se dotan de normas democráticas tanto para su funcionamiento interno como externo. Cuando los sistemas y las democracias de partidos han llegado a un cierto nivel de madurez, se imponen requisitos más estrictos con respecto al funcionamiento interno de los grupos políticos que desean acceder al gobierno. Así pues, por norma general se exige que el funcionamiento interno de los partidos políticos se regule por leyes accesibles y transparentes. El requisito más habitual es que los dirigentes y el programa de cada partido político se elijan con arreglo a procedimientos democráticos abiertos a todos los miembros del partido.
Esta situación se produce a menudo en los sistemas de partidos maduros, en los que existen partidos políticos consolidados capaces de poner en práctica esos principios. Sin duda, la elección de los dirigentes de los partidos depende, en gran medida, de la capacidad de liderazgo y la popularidad de los candidatos. No obstante, independientemente de los factores que determinan la decisión de los miembros del partido, se les debe dar la oportunidad de tomar una decisión democrática; lo cual incluye la posibilidad de solicitar una reparación a través del poder judicial u otros órganos de control independientes en el caso de que sus derechos no se respeten.
Por lo que atañe a las actividades externas de los partidos políticos, hay dos aspectos que deben regularse, a saber, los instrumentos utilizados en su acción política en general, y los requisitos específicos y las normas de conducta que rigen su participación en coaliciones y actividades políticas y electorales.
La dirigencia de los partidos se aparta de los valores democráticos cuando, por su conveniencia, desconocen u obvian sus estatutos y  normativa interna. Se comienza así a generar perturbaciones entre sus miembros que regularmente terminan en divisiones o facciones. El líder de un partido que asume una dirección dictatorial termina perdiendo credibilidad tanto al interior de su organización como ante la percepción de la ciudadanía.
La democratización interna de los partidos políticos es para Virgala (2008) un requisito para el correcto funcionamiento del Estado democrático, en virtud de que su falta de acatamiento puede generar que el ciudadano se desencante de los partidos, abriendo la posibilidad a otros mecanismos poco democráticos.
Difícil confiar en un dirigente político que desconoce a su conveniencia las normas de su organización, porque después, si lograra algún cargo de elección popular, desconocería también las leyes que vayan en contra de sus intereses violentando así la normativa legal del estado.
Por la importancia que representan los partidos políticos en un país democrático, es significativo evitar los vicios que se producen cuando una dirigencia se apertrecha en la conducción de la organización. Comienza así una élite burocrática peligrosa que impide la renovación y desarrollo de nuevos liderazgos, poniendo en riesgo la propia organización y se inicia un proceso de conducción acomodaticia en función de intereses personales que puede derivar hasta en acuerdos perversos, por ejemplo, la decisión de participar o no en los procesos electorales.
En cuanto a la democratización con respecto a la elección de los candidatos de los partidos, esto ha sido más que una demanda una acusación. En tiempo de elecciones, los candidatos son electos por las cúpulas de los partidos, sin ningún respeto por la soberanía y por la democracia de las organizaciones políticas. Todos sabemos que se secuestró la democracia en los partidos, se secuestró los derechos de los militantes y es esta situación la que ha llevado a índices superiores de abstencionismo debido a la precariedad de las ofertas electorales y a conflictos personales entre militantes.
El máximo exponente de la democracia deben ser los partidos políticos, en virtud que estos están en mayor medida obligados a tenerla en cuenta, puesto que actúan en el terreno político donde la referencia a las doctrinas democráticas son constantes, lo cual es coherente en las prácticas de éstos en la vida social de un país.
Es impostergable, en función de los resultados del 21 de noviembre, que los militantes de cada organización política exijan una verdadera democratización interna que permita a cada partido reestructurarse, modernizarse, impulsar nuevos liderazgos satisfaciendo así sus demandas internas y de la ciudadanía en general de cara a los procesos políticos por venir.