REFLEXIONES PEDAGOGICAS

Por Jesús Cepeda Villavicencio / La espiritualidad puede ser definida, como el conjunto de principios y actitudes que configuran la vida de una persona o de un colectivo. También puede interpretarse como la conciencia de una parte de nosotros, que no se manifiesta materialmente, y que por lo general esta ligada a algo superior a todos los seres vivos.

Para las religiones, la espiritualidad constituye la base sobre la que estas, edifican las directrices que definen y dirigen la vida y el respectivo desarrollo espiritual, siempre, según las enseñanzas de un dios o un profeta.

De manera que las religiones, están inexorablemente acopladas a la espiritualidad, y esta, a su vez, esta reñida con toda visión atea de la vida, aquella que niega completamente la posibilidad de la existencia de algún poder divino, y en algunos casos con los parámetros del agnosticismo, que no cree en dios, pero no lo niega en su totalidad, solo que no le encuentra  fundamento.

La humanidad la conformamos todos, creamos o no en una religión, creamos o no en un dios, pero la espiritualidad ligada a los sentimientos del bien o el mal, es decir a la ética de la vida, siempre estará de una u otra manera  ligada a la esencia humana, y como decía Descartes; » pienso, mas luego existo»,. No podría existir la vida humana, si no pensáramos o sintiéramos.

En estos tiempos, donde el catolicismo o el cristianismo celebra su semana mayor, el mundo padece de una terrible pandemia, que no solo amenaza su propia existencia, sino también los esquemas en que se ha concebido el nuevo orden global, después de la caída del mundo soviético, debemos reflexionar sobre la necesidad de superar los mitos, que que han creado o erigido barreras, entre las fronteras de las religiones y las ciencias.

Obstáculos que se remontan por cierto a la propia historia de la humanidad, dividiéndola entre creyentes y no creyentes. Las religiones son milenariamente longevas, mientras que las ciencias apenas alcanzan la mayoría de edad, a pesar de ese hecho concreto, particularmente considero que el cristianismo es una religión en construcción, si entendemos que su fe se basa en el hombre, y lo que este encarna en base a su capacidad  creativa y al inmenso potencial que hay en el amor, categorías que siempre estarán por encima de toda manifestación de poder despótico.

Es posible aprovechar la vasta experiencia que en materia de filosofías, reflexiones, meditaciones e introspecciones, poseen las religiones, para la conformación de una alianza orgánica, entre las ciencias y la espiritualidad. Para ello es imprescindible que se entienda que no se trata de buscar quien tiene la razón, si las religiones dogmáticas o las mas expansivas y abiertas a la interpretación de la creatividad humana, no, no se trata de eso, se trata de que hay un infinito acervo de conocimientos filosóficos, se trata de como las religiones y la espiritualidad pueden contribuir con la creación de un marco moral, que permita, repito  una ética global, que asegure que las tecnologías futuras sirvan para unir a la humanidad, para iluminarnos y hacernos crecer, no para destruirnos.

Estas reflexiones, en una semana santa, son fuentes para abrevar en la humildad que nos debe caracterizar, y para entender que los principales males de nuestra evolución como seres humanos, esta muy arraigados en nuestro propio interior, y estos no son otros que la codicia y el odio que conlleva a la ira.

Dios quiera que el legado de jesus de nazareth, impregne la mente y la conciencia de de los responsables nuestras tragedias.

El reto es inmenso, pero la historia nos alecciona, en conclusión, aprovechemos estos días para cultivarnos, el bien siempre vencerá al mal, AMEN.