El Covid 19 y los Contrastes en los Procesos Migratorios de Venezuela

Por Ledys Lima / En el devenir histórico Venezuela siempre ha engendrado procesos migratorios, tanto de emigración o inmigración. Así, se reconoce como emigración al desplazamiento de venezolanos a otros países para establecer su lugar de residencia e inmigración define al conjunto de ciudadanos extranjeros que vienen al país a quedarse. Indudablemente, en los últimos años la salida de venezolanos a otros territorios se convirtió en un tópico predilecto de medios de comunicación, organismos y empresas encuestadoras que especularon sobre las causas del movimiento durante un tiempo para posicionarlo en la agenda pública y converger en hiperinflación, desabastecimiento de productos básicos, inseguridad y violencia de la “dictadura”. No obstante, resulta curioso, que un gran contingente de extranjeros residentes en Venezuela no se marchó.

La oleada migratoria de venezolanos resurgió posterior al paro patronal en el año 2002, involucrados en el llamado a la huelga nacional promovida por FEDECAMARAS, CTV, una organización de gerentes de PDVSA y la extinta Coordinadora Democrática, en contra de Hugo Chávez,  se marcharon tras la fallida intentona golpista. En año 2015, inicia el éxodo de profesionales de diferentes áreas del conocimiento, según la Agencia de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR), 5.095.283 venezolanos emigraron entre 2015 y 2019. Se desplazaron en “busca de mejoras de vida” por aire, tierra y mar. Algunos realizaron caminatas de 16 horas diarias por más de 3500 kilómetros de carreteras de Colombia, Ecuador y Perú. La mayoría vendió sus propiedades; casas, automóviles, negocios y terrenos para emprender en los territorios receptores. Los jóvenes abandonaron las universidades por la utopía;  irse se convirtió en una moda

Detrás de la diáspora, se encubrió la realidad, una rentabilidad económica para muchos actores, en primer lugar los gestores de viajes que garantizaban la salida del migrante por vía legal o ilegal (trochas),  conseguir documentación necesaria para ingresar a otro país y supuestas ofertas de trabajo. En segundo, el negocio de la prostitución con la trata de mujeres para el lucro del lenocinio. En tercero,  la explotación laboral de la mano de obra venezolana que no alcanza a ganar el 50% de un salario mínimo en los países vecinos. Aunado a esto, los tardíos y costosos procesos de convalidación de títulos, conllevaron a los coterráneos a trabajar en la economía informal en territorios lejanos.  Finalmente, la xenofobia, un óbice vigoroso que enfrentaron y se encara al cruzar la frontera.

En contraposición, Venezuela se ha caracterizado por la política receptora de puertas abiertas a todos los extranjeros que desean emprender en esta patria porque siempre ha facilitado las gestiones para residir, estudiar y trabajar de manera legal en el país. Innegablemente, los inmigrantes han contribuido a la sociedad venezolana, por una parte en el desarrollo de las actividades económicas representativas en la sociedad de mercado y, por otra, en la conformación de redes interculturales.

Rememorando en la historiografía, los cultivos de cacao y café durante la época colonial marcaron el inicio de la llegada de migrantes económicos, españoles y canarios dominaban estas prácticas. En 1920 con la instalación de las primeras empresas petroleras, se impulsa la inmigración, conquistando auge a partir de 1945, tras la segunda guerra mundial arribaron colonias europeas: italianos, portugueses y españoles que se radicaron para establecer su morada, después de dejar sus ciudades de origen devastadas por el ciclópeo impacto del conflicto bélico. En la década de 1970 a 1980, ecuatorianos, argentinos y chilenos llegan huyendo de las despiadadas dictaduras en sus regiones. Asimismo, Venezuela cobijó a los colombianos en este período que vinieron por la intensificación del enfrentamiento interno y la decadente economía en su país. Recientemente, los asiáticos también, complementan la amalgama foránea. Un caso peculiar de la inmigración son los alemanes de la Colonia Tovar que la poblaron en 1843 y aún cultivan estas tierras.

A todos la “dictadura” proporciona derechos para el bienestar social. Esa misma “dictadura” que desde el inicio del estado de alarma, coopera con el retorno de connacionales a través del Plan Vuelta a la Patria, atiende a los enfermos importados de Covid 19, después de cumplir con los protocolos sanitarios, los lleva hasta sus lugares de origen para reunirse con sus familiares. Resulta paradójico el contraste: – el venezolano se va, el extranjero viene y se queda. Venezuela es el país de las oportunidades!