Lenguaje y política. Caso Venezuela

Por Luis Fuenmayor Toro / Los ciudadanos barinenses, mostrando una decisión inquebrantable de salir del yugo formal del gobierno chavecista, mantenido por más de dos décadas, no se amilanaron por el robo electoral de que fueron víctimas en noviembre pasado, y volvieron a las urnas, esta vez para derrotar de nuevo y más contundentemente al PSUV y su desabrido candidato a la gobernación del estado.

Para la elección del 9 de enero pasado, quienes votaron en noviembre por Rafael Rosales Peña, candidato de la Alianza Democrática, recurrieron al llamado “voto ciudadano inteligente” y emitieron sus sufragios por Sergio Garrido, candidato de los partidos MUD, MAS y AP, a quien consideraron con mayor opción de triunfo, garantizándole de esa manera una cuantiosa ventaja sobre el candidato del gobierno. Cesa de esa manera el control hegemónico de la familia Chávez sobre el estado natal del “Comandante eterno”.

El temprano reconocimiento de Jorge Arreaza de su derrota frente a Garrido, puede tener varias interpretaciones, desde la más simple que lo considera una expresión del “talante democrático” del ex Canciller, hasta la que piensa que se trató, a través de Arreaza, de enviar un mensaje claro a la nación venezolana y al mundo, de la disposición del gobierno de asumir cambios en la forma de hacer política, distinta de la practicada hasta ahora, que reconoce las fuerzas del adversario siempre que éstas existan, sean constitucionales, no estén involucradas en golpes e invasiones y hayan asumido definitivamente la vía electoral. Otra explicación podría ser la decisión del alto gobierno de conjurar cualquier resistencia dentro del partido de no reconocer el triunfo opositor.

Con los triunfos se pueden hacer muchas cosas, desde avanzar indeteniblemente en la conquista del poder nacional, hasta tirarlo por la borda como hizo la MUD con su victoria de 2015, al embarcarse en una serie de aventuras y desatinos que recién ahora, a regañadientes y dando traspiés, dicen haber abandonado sin hacerlo lo suficientemente explícito, como para estar seguros de que no los repetirán en las primeras de cambio. Ya en este último sentido parecen reagruparse los impacientes de siempre, los inmediatistas buscadores de atajos, los “Maduro vete ya”, que han desatado su campaña nada transparente sobre impulsar el referendo revocatorio presidencial, a pesar de no existir legislación ninguna que lo regule, lo cual deja en manos del CNE total discrecionalidad para decidir sobre el mismo.

Se abusa del argumento simplista de que el 80 por ciento de la gente rechaza la gestión de Maduro, para afirmar que la revocación de su mandato está totalmente asegurada, algo que sólo puede resultar de un pensamiento lineal y por lo tanto nada político. No se menciona que para revocar a Maduro casi 6 millones 300 mil electores deben votar afirmativamente, lo cual requeriría una participación bastante mayor que las tenidas hasta ahora en los últimos procesos electorales. Tampoco se menciona el hecho de que se debería tener el candidato a ser postulado a los 30 días de la revocación del mandato presidencial, pues de lo contrario sería como dar un salto al vacío. Nada se señala sobre los efectos político electorales negativos que tendría en 2024, una derrota de cualquier tipo en la instrumentación del referéndum revocatorio.

Por otra parte, quienes hicieron trizas el voto con aventuras irresponsables, hoy tratan de arrogarse el triunfo de Barinas, cuyas causas realmente están en el desastre gubernamental de todos estos años, en las pretensiones inaceptables de una familia de tratar a toda una región como su hacienda particular y en las acciones valientes de todos los políticos, que se fajaron con tesón para la recuperación de la senda electoral y la vía pacífica en nuestra política. Lo que procede es desterrar el inmediatismo, la soberbia y el sectarismo y poner el empeño y utilizar el tiempo en la creación de una plataforma amplia, realmente unitaria, alejada de las pretensiones hegemónicas de algunos líderes y partidos, que incorpore a los sectores chavecistas enfrentados a Maduro y que negocie incluso con el gobierno la posibilidad de su salida.

Barinas, y un mes antes las elecciones regionales, nos mostraron el rechazo mayoritario al gobierno, la importancia decisiva de la disposición a votar, la necesidad de la unidad de los susceptibles de ser unidos y la vulnerabilidad actual del gobierno. Enfilemos nuestros esfuerzos con seguridad hacia el año 2024 y no caigamos en los inmediatismos estériles que sólo dejan desesperanza.