VENEZUELA / El investigador del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica CELAG Alejandro Fierro acaba de publicar “Imaginarios colectivos y sentidos comunes en Latinoamérica en torno a la emigración venezolana”, a partir de un macroestudio llevado a cabo durante cuatro años en Colombia, Ecuador y Perú que analiza las percepciones de la población de estos países acerca de la migración venezolana. El trabajo, editado en colaboración con la Fundación Rosa de Luxemburgo y con la participación del también investigador Óscar Navarro, se desarrolló entre 2017 y 2021 e incluyó grupos de debate con la participación de más de cuatrocientas personas en doce ciudades diferentes.

La gran mayoría de los relatos en torno a los migrantes venezolanos son profundamente negativos y se circunscriben a estereotipos relacionados con la delincuencia y la competencia laboral desleal, señala Fierro, quien describe el escenario como “descorazonador”. “Apenas hay atisbos de solidaridad con un colectivo que en muchos casos llega en situaciones muy precarias”, afirma. “No hay una comprensión del drama humano por parte de las poblaciones receptoras. Tan solo se perciben consecuencias negativas como un supuesto aumento de la delincuencia o la pérdida de empleos que van a parar a personas venezolanas que aceptan menores salarios. Y en la gran mayoría de los casos, estas percepciones no son a partir de experiencias propias, sino de mensajes y pseudinformaciones que se difunden a través de medios y redes”, señala el investigador, quien no duda en utilizar abiertamente los términos de racismo y xenofobia.

La visión general de los migrantes venezolana es profundamente negativa y está marcada por los estigmas de la delincuencia y la competencia laboral desleal

El aumento de la inseguridad es el fenómeno que más se asocia a la migración venezolana. “Hasta en ciudades tradicionalmente con tasas muy elevadas de delincuencia como Medellín, Lima o Guayaquil, los relatos daban la impresión de que la delincuencia había comenzado con la llegada de los venezolanos”, lo que evidencia la falsedad e irracionalidad de los estereotipos negativos que se propagan, en opinión de Fierro. Asimismo, se sostiene que los crímenes llevados a cabo por los migrantes caribeños son especialmente violentos y macabros: “De esta forma, se apuntala el prejuicio de que Venezuela es un país sumido en el más absoluto caos, en un estado de guerra permanente y habitado por gente muy violenta, algo que tampoco se corresponde con la realidad”, declara el autor del trabajo, quien reside en Caracas desde hace diez años.

La competencia laboral es el otro gran estigma que pesa sobre la diáspora venezolana. Se les responsabiliza de desplomar los salarios al ofrecerse como mano de obra barata. Dicha acusación está más extendida entre las clases populares, que ven a venezolanos y venezolanas como una amenaza directa en la pugna por trabajos poco cualificados. Por el contrario, las clases medias y medias-altas dejan entrever cierta comprensión por las dificultades por las que pasan los migrantes. “Pero es una comprensión desde la superioridad de clase”, explica Fierro, “no implica ni simpatía ni apoyo al fenómeno migratorio”.

Otro de los hallazgos que sorprendieron a los investigadores fue el protagonismo de un supuesto carácter venezolano que justificaría las percepciones negativas. Dicho carácter estaría marcado por la arrogancia, el desprecio hacia la población local y una suerte de soberbia por un físico presuntamente más agraciado. “Son categorías mitológicas que sirven para justificar la xenofobia, pero que raramente se corresponden con la realidad. Pero el comportamiento xenófobo necesita excusas, por eso pone el foco en el migrante, ya sea en su actitud o en su forma de ser, de manera que el rechazo y la animadversión que sufre sería, en último término, responsabilidad suya”, sostiene el miembro de CELAG.

Fierro alerta sobre los discursos xenófobos alentados en muchas ocasiones desde los poderes públicos

El informe destaca que en ningún momento se contemplan medidas de apoyo e inclusión que permitan una integración armónica de los emigrantes. Al contrario, se demanda  mano dura contra los venezolanos y venezolanas, punitivismo, deportaciones y cierre de fronteras, a la vez que se critica a los poderes públicos por entender que benefician más a los migrantes que a los autóctonos. “Cuando llegaban las elecciones en Colombia, Perú o Ecuador, muchos candidatos se hacían eco de estas quejas e incluían en sus promesas medidas represivas hacia la emigración, en una actitud absolutamente irresponsable que recuerda a las soflamas trumpistas o a los partidos ultraderechistas europeos”, advierte Fierro.

Para Alejandro Fierro, la migración masiva y en un lapso de tiempo relativamente breve de los venezolanos ha supuesto la caída de muchos mitos, como la solidaridad latinoamericana o que la xenofobia y el racismo son privativos de Europa y Estados Unidos. “La xenofobia antivenezolana en Colombia, Ecuador y Perú está construida sobre los mismos elementos que el racismo europeo o estadounidense: criminalización del migrante, supuestos perjuicios para la población local, colapso de los servicios básicos, preferencia en la asistencia pública, aumento de la inseguridad, extensión del tráfico de drogas, conflicto, caos, la fantasía de que eran sociedades perfectas hasta la llegada de la migración…”, explica. “Pero esos millones de personas han llegado para quedarse. No retornarán. Ninguna migración lo hace, salvo en un pequeño porcentaje, y eso si la situación en su país de origen mejora. Desde ya son parte del paisaje humano de Colombia, Ecuador y Perú, se asentarán y tendrán hijos. Las sociedades de acogida tienen ahora ante sí el reto de construir esa convivencia. Pero pensar en que se marcharán o serán expulsados, es una utopía”.