AGENCIA EFE/ Joe Biden, de 78 años, fue vicepresidente de EE.UU., y tiene a sus espaldas una larga carrera política cuya meta siempre fue la presidencia, un cargo al que aspiró sin éxito en 1988 y 2008.

Su entrada en la campaña electoral pasada contó con la agradable certeza de ser líder en casi todas las encuestas sobre las primarias demócratas, pero también con el amargo preludio de las denuncias de cuatro mujeres, que le acusaron de haberlas tocado de forma inapropiada y amenazaron una de las mayores bazas de Biden: su imagen afable y cercana.

El episodio no pareció afectarle en los sondeos, pero le obligó a prometer que en adelante tendrá más en cuenta el «espacio personal» de la gente.

Para muchos estadounidenses, Biden es un político atípico en el buen sentido de la palabra: alguien con un interés genuino en los problemas de la gente, que habla sin tapujos y no tiene miedo a desafiar la ortodoxia política.

Biden presidía el Comité Judicial del Senado en 1991, cuando Anita Hill acusó de acoso sexual al entonces nominado como juez del Tribunal Supremo, Clarence Thomas, que fue confirmado para el cargo sin que el entonces senador demócrata permitiera la comparecencia de otros testigos.

Con la controvertida confirmación de otro nominado al Supremo -Brett Kavanaugh- todavía reciente, Biden se disculpó en marzo por su gestión del caso de Hill, y lamentó «no haber encontrado una forma de darle la audiencia que merecía» en su comité.

Además, el exsenador ha sido acusado de contribuir, mediante su apoyo a leyes contra el crimen violento y la posesión de drogas, al problema de encarcelamiento masivo en EE.UU. y las disparidades raciales que conlleva; y criticado por respaldar una medida de 1986 que abrió la puerta a la venta de armas por correo e Internet.

Pero Biden también ha espoleado cambios que ahora enorgullecen a su partido: en 2012, afirmó que se encontraba «absolutamente cómodo» con el matrimonio homosexual, lo que llevó a Obama a expresar luego su apoyo a esas uniones y contribuyó a su legalización en 2015.

Y aunque votó a favor de la guerra de Irak, Biden ha sido poco amigo del intervencionismo a lo largo de su carrera. En 2011, ya en la Casa Blanca, recomendó a Obama no intervenir en Libia y abogó por retirar a las tropas estadounidenses de Afganistán.