AGENCIA EFE/ En un reportaje realizado por la reportera Yogita Limaye para la BBC, algunos padres afganos contaron que dan a sus hijos medicamentos para sedarlos y evitar el llanto que les ocasiona el hambre, otros que han tenido que vender a sus hijas y algunos de sus órganos para poder sobrevivir. Todo esto sucede en el segundo invierno desde que los talibanes tomaron el poder y se congelaron los fondos extranjeros.

Abdul Wahab, uno de los padres, cuenta, «nuestros hijos no paran de llorar y no duermen. No tenemos comida. Así que vamos a la farmacia, compramos pastillas y se las damos a nuestros hijos para que se sientan adormecidos».

Cuando la reportera preguntó cuántos de los padres daban medicamentos y drogas a sus hijos para sedarlos, «muchos, todos», respondieron. Luego uno de los ellos sacó de sus bolsillos una tira de pastillas de alprazolam, una droga tranquilizante que suele recetarse para tratar los trastornos de ansiedad. Otros mostraron pastillas de escitalopram y sertralina que suelen recetarse para tratar la depresión y la ansiedad.

Esto sucede a las afueras de Herat, la tercera ciudad más grande del país, en un asentamiento de miles de casas de barro, donde sus habitantes son personas que han sido desplazadas por la guerra y los desastres naturales.

Las personas manifestaron sentirse abandonadas por el gobierno talibán y por la comunidad internacional.