VENEZUELA/  El presidente de Fedecámaras, Ricardo Cusanno, advirtió que una «reforma ideológica» del Código de Comercio puede acabar con cualquier expectativa razonable de iniciar una recuperación de la economía venezolana.

El dirigente gremial fue enfático al señalar, en declaraciones que «no pueden venir más leyes que obstaculicen el funcionamiento de la economía. Una reforma del Código de Comercio no puede tener un basamento ideológico, porque significará una agudización de los peores escenarios».

Cusanno dijo que la comisión parlamentaria liderada por el presidente de la Asamblea Nacional con mayoría absoluta chavista, Jorge Rodríguez, planteó en la reunión inicial con Fedecámaras que el parlamento tenía la intención de reformar el Código de Comercio:

«No hicimos comentarios sobre su contenido. Sí advertimos que una reforma del Código debe estar en el marco de las plenas libertades democráticas, la esencia del libre mercado, el libre juego de la oferta y la demanda y donde se reconozcan las herramientas de la libre iniciativa para generar empleo sustentable, adecuadamente remunerado y, además, se respete la propiedad privada», subrayó.

Escenario complejo

Consultado sobre los impactos de la pandemia en el sector privado, el titular de Fedecámaras, Ricardo Cusanno, manifestó que «los más negativos, o con la visión menos optimista, dicen que habrá una contracción de -1%; es decir, otra vez la economía caería en 2021. Por otra lado, casi todos los analistas internacionales -entre ellos, algunos bancos europeos- hablan de un crecimiento de 10%, porque estamos tan mal que si flexibilizas algo en el plan 7+7, si das navidades, carnaval y vacaciones, obligatoriamente hay mayor actividad y tienes crecimiento. No es que estemos mejorando, sino porque de cero a uno el crecimiento es infinito».

El dirigente empresarial recuerda que luego de la «contracción total» en 2018 se impone la dolarización en 2019, a partir de la coyuntura de los apagones nacionales, especialmente el de marzo.

«Fue una contracción brutal, y se hizo recurrente el uso de diferentes medios de pago en divisas, y digo medios de pago, porque en la frontera occidental es el peso, en Bolívar es la milla de oro, y el dólar y el euro como monedas de uso más transversal. El 2019 ocurre un fenómeno que hace cambiar las reglas de juego, que fue el apagón nacional, porque esas formas de pago se imponen sin importar si eran penadas o no y muchos de los prestadores de servicios reciben divisas sin importar los riesgos, porque era la única forma de operar, y fue en ese momento cuando se reconoce que no existía el dólar criminal, y se iguala el cambio oficial al paralelo», rebobina la película de catástrofe de la economía venezolana en los últimos años.

Y sigue: «el 2020 se perfilaba con mayor crecimiento. Se proyectaba un crecimiento del aporte privado de 33% a la economía, pero llegó la pandemia y ese proceso se detuvo. Las remesas cayeron en 56%; sectores que estaban comenzando a tener volumen de trabajo se paralizaron, como, por ejemplo, el turismo, de donde provengo, con una ocupación hotelera de 10% acumulado durante todo el año y parte de esa es la ocupación que se tuvo por Covid-19».

Vida paupérrima

Sin embargo, para el presidente de Fedecámaras el problema de fondo no está en la terrible situación de la mayoría de las empresas, sino en un elemento más que considera aún más grave: «ciertamente, hay empresas padeciendo situaciones muy complejas, pero más compleja que la situación de las empresas, es la situación de los consumidores. El verdadero drama que tiene el país es la capacidad de compra que tiene el ciudadano, que se refleja en una calidad de vida paupérrima. Es una cadena de valor, que se deteriora con una reducción de 56% de las remesas que ahora resultan un ingreso vital».

Con 3.200 millones provenientes de remesas en 2019, considerando el tamaño real de la economía venezolana, se hizo posible que «más personas tuvieran algo más de poder compra y salieron a buscar bienes y servicios, y los proveedores, que tenían ahorros en divisas pudieron abrir líneas de crédito o lograron colateralizar algún bien en el exterior, comenzaron a tomar riesgos y trajeron productos. Eso implicó, en 2019, 3.500 millones de dólares más de actividad económica que fueron adicionales a las remesas. Esa perspectiva daba 25% de los ingresos en divisas aportados por sector privado, lo que ocurría por primera vez en muchas décadas».