VENEZUELA/ Vestirse y calzarse en Venezuela es cosa de lujo, y no porque las marcas de moda estén en auge, sino porque los precios prohibitivos hacen muy cuesta arriba renovar el ya menguado guardarropa de la inmensa mayoría de los venezolanos.

Según el Observatorio Venezolano de Finanzas de la Asamblea Nacional, la canasta mínima de vestido y calzado costó 274 dólares en septiembre, unos 19.212.820 bolívares. Este monto incluye un par de zapatos deportivos y un cambio mínimo de camisa y pantalón.

Comprar un par de zapatos para niños implicó un gasto de 14.138.129,50 bolívares, o 35 dólares. Este valor aplica para un modelo «barato». La ropa interior para caballero aumentó 28% entre agosto y septiembre, señala el OVF en su cuenta de Twitter.

Las féminas venezolanas requieren de $48 o 19.212.820 bolívares para comprar un par de zapatos deportivos, y si la idea era adquirir una blusa sencilla, el costo fue de 3.004.728 bolívares.

La entidad apunta que «un padre venezolano debe disponer de 8 salarios mínimos para adquirir una ropa interior de bebé«.

«En Venezuela, una camisa para hombre supera los 15 millones de Bolívares, un equivalente a $40 aproximadamente«.

Fuentes del sector confección indican que este sector vive una crisis «histórica», con una capacidad ociosa superior a 80%, mientras el comercio al detal de esta categoría reporta ventas mínimas por la pandemia de COVID-19, un factor que se añade a una crisis que ya había reventado las finanzas de la mayoría de las tiendas.

Dos propietarios de tiendas,  indicaron que se están dando plazo hasta diciembre para decidir si cierran sus negocios. Uno, está pensando en un cambio de ramo, a pesar que lleva más de 30 vendiendo calzados.

Las ventas han caído más de 80%. Uno de los consultados dijo que el año pasado se quedó sin personal y atiende su negocio en familia, luego de vender un 40% en 2019 de lo que facturó en 2018. Para este año, la caída de ventas puede llegar a 90%.

El venezolano compra ropa por precios y durabilidad, dicen los comerciantes. Antes, señala uno de los consultados, se adquirían zapatos al menos dos veces al año y las personas tenían un mínimo de tres pares para recambio. Actualmente, el negocio está en la reparación, ya que se extiende el tiempo útil de la ropa y los calzados tanto como sea posible.

A pesar que los precios lucen muy elevados para la menguada capacidad adquisitiva de la mayoría de la población, los comerciantes insisten en que hacen lo posible para vender con el menor margen posible.